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OPINIÓN - SÁBADO, 27 DE MAYO DE 2006

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

El bien común
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Realmente, el manido concepto de “el bien común” utilizado y reutilizado por todo quisque y para cuya alusión hay que poner una expresión beatífica de hechuras onegetistas, el concepto, invita a generalizar y es, en sí mismo una generalidad. Lo digo porque me escribe un lector-opinador pidiendo mi criterio sobre las próximas elecciones a la Cámara de Comercio de Ceuta, yo, lógicamente, tras un pausado seguimiento de la trayectoria de cada candidato y atendiendo antes que nada a sus opiniones, apuesto sin ningún género de dudas por Jose Luis Moreno Naranjo, me gustan su agilidad mental aplicada a su estrategia y me siento identificada con aquellos a quienes representa.

A mi con los ceutillitas de la capillita me pasa como con los sevillitas y los malaguitas: demasiado localistas y demasiado centrados en sus propios ombligos y encima los supuestos lobbys de poder me dan un extremado mal vagío. ¿Qué por que opino sino tengo derecho a voto en las próximas elecciones que se van a celebrar? Pues lo hago por una razón trascendental y casi esotérica: porque me sale de aquello a lo que, las patiperras llaman confianzudamente “la caja de caudales”y que es parte muy fundamental de la anatomía humana y lo hago también porque, en este caso, al apostar por un determinado candidato,o, mejor dicho, por la inteligencia y la sagacidad de un determinado candidato y el perfil idénticamente válido de su candidatura, estoy apostando por el bien común de los ceutíes, que no de los ceutillitas ni de las camarillas.

No me gustan las camarillas, porque son muy excluyentes y a la par muy ventajistas , ni seguidismos ni clientelismos. Yo voy a lo mío, mejorando lo presente y sin faltar al respeto a nadie, porque yo he estudiado en el libro de la educación y la vergüenza y en mi familia paterna, aún colean las enseñanzas y respeto a las tradiciones que nos legara mi calorro abuelo, el tío José, que siendo un campesino gitano analfabeto, parecía llevar a un viejo en la barriga y era una especie de Séneca rural, aunque jamás en su vida pisó una escuela y tenía hasta faltas de ortografía en la huella dactilar del dedo que utilizaba para firmar.

Además, expongo mi criterio porque me gusta la ciudad de Ceuta y tengo en ella familiares. ¿Qué si mis familiares son gitanos? No, los calorros los tengo en la península, por tierras almerienses, mis familiares ceutíes espirituales son Hamadi Amar Mohamed, que tiene una casa donde, abres las ventanas y entra el Mediterráneo y que es para mí una especie de filósofo, maestro y punto de referencia del euroislam y su mujer Leila que es la doble ceutí en empaque y belleza de la reina Rania de Jordania.

Es decir, Ceuta me interesa porque, como soy muy patriotera, me embeleso cada vez que oigo a mis queridos Polluelos cantar aquello de “Ceuta y Melilla del toro las criadillas” y les digo que, yo con el toro de Osborne que es BIC, bien de interés cultural, cuando me lo ponen sobre la roja y gualda es que me emociono si cabe más que cuando veo el escudo constitucional. Yo soy de las que opinan que deberían cambiar el escudo por el toro, que aúna más y representa más un bien común, una idiosincrasia, una forma de ser, una hermosa huella de nuestro paisaje. Y dicho sea de paso, si Jenaro, el nuevo Delegado de Gobierno rescata el toro que siempre ha embellecido el monte Hacho y lo devuelve a su lugar habitual, para que los que llegan en el barco se empapen de españolidad, elegancia autóctona y buen rollo ibérico, si el Delegado se enrolla, crearé un club de fans para hacerle seguimiento político y comentar sus decisiones e iniciativas, comparándolas con el concepto de bien común, que es cuando un político favorece a todos por igual, sin permitir que existan ciudadanos de primera, que gocen de todos los privilegios y de segunda, que son los que pagan con sus impuestos los privilegios de los primeros.

Por cierto y hablando de bien igualitario, le he escrito una carta a Juan Vivas enviándole el presupuesto que necesito para mi viaje místico, no a la Meca, porque soy católica, sino a Torreciudad, el hermoso santuario mariano que guarda en sus entrañas de piedra una preciosa Virgen Negra románica, de expresión hierática, absolutamente esotérica por los pliegues de su vestimenta y que mi marido, el viejo pintor, pintó para la Obra, con la corona y las vestiduras doradas con láminas de oro fino líquido de 24 kilates. ¿Qué si les voy a contar el resultado de mi romería espiritual? Por supuesto, aunque nos va a pagar el viaje a un grupo, no a mi sola. El barco, el autobús, pernoctar en hoteles modestos y derecho a desayuno y comida, la cena corre por nuestra cuenta y la compra de recuerdos también. ¿Ven? Sin quererlo he hecho una referencia ejemplarizante de bien común, los islámicos a la Meca y nosotros esta vez a Torreciudad, pero tenemos proyectados viajes a Fátima, a Lourdes, al Vaticano, a Guadalupe para rezar a su Virgen Negra, a los Santos Lugares y a San Andrés de Teixidó, adonde acudiré acompañada por la presencia espiritual de un hermano pequeño muy querido para Hamadi y para mi, nuestro Gabriel Pineda de las Infantas, el papá de mi ahijada Paula.

El respeto al bien común conforma un cúmulo de iniciativas y acciones para llegar a alcanzarlo, puede aparecer como algo muy genérico, pero lograrlo es, más que un objetivo, un reto.
 

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