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OPINIÓN - DOMINGO, 28 DE MAYO DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

La manzana
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

La Manzana del revellín es la prueba más evidente de que por esta tierra pasó el GIL. Es la marca de ese partido. Y, por serla, está ocasionando todos los problemas del mundo a quienes decidieron seguir adelante con la obra en vez de indemnizar a la empresa que se hizo con los derechos de explotación de una esquina que, según parece, vale un potosí. Y ya se sabe que donde hay oro los hombres terminan perdiendo el norte.

A mí se me ocurrió, una vez, llamar a Adolfo Espí para que me contara cosas relacionadas con las denuncias de Juan Luis Aróstegui contra la Manzana del Revellín y Adolfo lo primero que hizo fue invitarme a viajar a Murcia para informarme de algunas cosas al respecto. Y a punto estuve de aceptar su ofrecimiento, pero no por lo de la manzana sino porque en Murcia se come una menestra digna de cualquier esfuerzo. Aunque Espí, acostumbrado a vivir a lo grande, me dijo que tenía coche y chófer a mi disposición en el puerto de Algeciras.

Pero le dije que nones. Pues uno, que anduvo viajando desde que tenía pantalón corto y hasta que llegó al medio siglo, sabe que a ciertas edades conviene quedarse en casa y no estar dando barzones, de aquí para allá, por el mero hecho de ir con los gastos pagados. Que luego, cuando menos se espera, te tachan de gañote y te pasean las cámaras de televisión por esta tierra de conejos que es España.

Tentado he estado otra vez de pegarle un telefonazo a Espí, poderoso hombre de la construcción en la vega murciana, para que me contara toda la actualidad sobre la esquina. Pero he renunciado porque sé que volverá a insistirme en que viaje a la Manga del Mar Menor, para que yo regrese contando que me ha dado gloria bendita.

Lo cual no me apetece. Otra cosa bien distinta sería que Adolfo estuviera dispuesto a decirme qué intereses movieron a Juan Luis Aróstegui para denunciar todo lo denunciable acerca de esa construcción. Pero me conozco de sobra su respuesta:

-El día en que la manzana deje de estar en los juzgados, te pondré al tanto de los nombres de todas las personas que han influido en Juan Luis para que éste hiciera lo que ha hecho. Y te sorprenderás de ellas.

Lo que no descarto es que Adolfo, tan educado y correcto como siempre, me envíe un mensaje por correo electrónico. Ya que me consta que es uno de mis fieles lectores. Así que le anticipo que hace tiempo decidí no recibir mensajes por ordenador. Recordarás que el último que me enviaste fue para felicitarme por un obituario que le hice al maestro Campmany. Nada que ver, por supuesto, con el que Raúl del Pozo ha ganado, recientemente, el premio César González Ruano. De lo cual me alegré muchísimo: ya que el maestro Raúl lleva 30 años tratando de superarse cada día en sus columnas. Y ha conseguido que leerlo sea una gozada.

Claro que en esta ciudad escribiendo por medio de analogías, citas y metáforas, a Raúl lo hubieran tachado de plagiador. Pero bueno, Adolfo, qué te voy a contar que tú no sepas de lo que se cuece por aquí. Donde cualquier chiquilicuatre trata de sentar cátedra de patriotismo y catolicismo a ultranza, sin ideas y con mala sintaxis.

Y es que la edad nos puede hacer más cautelosos, pero los tontos, aunque sean aventajados, seguirán siendo tontos de por vida. Y éstos, los tontos, por más que sean hábiles para que no se les vacíe el monedero, no son ni buenos ni agradecidos.

Sí: ya veo tu cara de extrañeza mientras lees estos párrafos, que nada tienen que ver con la Manzana del Revellín. Pero a veces uno, dada la inercia, aprovecha la ocasión para retratar a un personaje. Y tú, que no eres torpe, seguro que le pones nombre en un suspiro.
 

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