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OPINIÓN - SÁBADO, 4 DE NOVIEMBRE DE 2006

 
OPINIÓN / EL MAESTRO

Respiro para la Religión Católica

Por Andrés Gómez Fernández


Según informaciones muy recientes, la enseñanza de la Religión en Secundaria Obligatoria (alumnos de entre 12 y 16 años) será evaluable y computable –salvo en contadas excepciones- y los alumnos que no la cursen recibirán de los centros la “adecuada atención educativa”, según el borrador de Decreto de Enseñanzas Mínimas de Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

Por parte del Ministerio se aclara que “la Religión contará como cualquier otra asignatura para pasar de curso”. El Proyecto deja en manos de los centros el diseño de la atención educativa, que como la Religión deberá estar dentro del horario escolar.

Recordemos que la Ley de Educación (LOE) establece en Secundaria los alumnos que repetirán curso con tres o más asignaturas pendientes, aunque excepcionalmente podrán promocionar de curso con tres suspensos. La normativa vigente, uno de los pocos aspectos de la Ley de Calidad (LOCE) que se ha aplicado, también obliga a repetir con tres pendientes.

Además, el citado borrador de mínimos contiene como importante novedad la creación de una “versión laica” para la asignatura de Religión, bajo el epígrafe “historia y cultura de las religiones”. Así, el Gobierno propone que los padres o tutores que pidan para sus hijos enseñanza de Religión, “podrán elegir entre la Religión Católica, las de aquellas otras confesiones religiosas con las que el Estado tenga suscritos acuerdos internacionales o de cooperación en materia educativa, en los términos recogidos en los mismos, o la enseñanza de “historia y cultura de las religiones”

El proyecto determina que la evaluación de la Religión Católica y de “historia y cultura de las religiones” se realizará en los mismos términos y con los mismos efectos que las otras materias de la etapa. Las calificaciones no computarán en becas o Selectividad, por ejemplo, o cuando se trate de procesos de selección mediante la nota media. Sin embargo, sí lo harán para pasar de curso.

Con ello, el Ministerio considera que se respetan los acuerdos entre la Iglesia y el Estado y respetan los derechos de todos.

Fuentes de la Conferencia Episcopal declinaron “opinar sobre borradores” y resaltaron su disposición por dar a la Religión “el espacio y la relevancia que merece”, y recuerda que el 85% de las familias eligen la asignatura de Religión.

Cuando el borrador alude a que la Religión será evaluable y computable, salvo en contadas ocasiones, se referirá a los casos de concesión de becas o para puntuar en la Selectividad. En lo que se refiere a alumnos que no cursen la Religión Católica, recibirán en los Centros la adecuada “atención educativa”, no se habla de que exista una alternativa como tal, que bien pudiera ser la llamada “versión laica” con el epígrafe de “historia y cultura de las religiones”. Tampoco están nada claro lo de dejar en manos de los centros el diseño de “atención educativa”.

En mi etapa de responsabilidad educativa, en determinados momentos, el tutor del grupo-clase, cuando su tutoría era atendida por el profesor de Religión, tenía que ser el propio tutor el que atendiera a aquellos alumnos que no habían optado por dar la clase de Religión. Dependiendo del lugar y del momento, el grupo podría estar formado por más o menos alumnos. En mis últimos años, cuando yo tenía que atenderlo el grupo no pasaba de media docena de alumnos, formados básicamente por musulmanes y testigos de Jehová. El centro no te obligaba a impartir una materia determinada, sino que lo dejaba en manos del tutor. En mi caso, opté siempre por la introducción de periódico en aquel pequeño grupo. La lectura de la prensa, daba lugar a la selección de un tema consensuado, procediéndose, por parte de los alumnos, a su debate y conclusiones finales.

La “alternativa” utilizada era del agrado de mis alumnos. A veces ocurría que antes de proceder a la utilización de la prensa, algún alumno hacía una breve introducción para poner en conocimiento del grupo, algún acontecimiento ocurrido en nuestra ciudad, y que consideraba de interés general. Por supuesto que se procedía a debatirlo. Pero siempre se tenía como referencia la utilización de la prensa para desarrollar la clase.

Refería yo, en otra ocasión, el caso de aquel “insumiso”, que si bien optó en principio por dar la Religión Católica, decidió dejarla. Pero no pudo ser, ya que el Centro era muy estricto en esto, y al empezar el curso obligaba a los padres que firmaran un documento por el cual el alumno no podía abandonar la opción elegida. Mal lo pasó aquel alumno, ya que no podía abandonar la opción elegida. Mal lo pasó aquel alumno, ya que no pudo ser incluido en el grupo de mi “alternativa”. Para él era mucho más cómodo ser incluido en nuestro grupo, ya que así se desligaba de las “exigencias” y exámenes que la profesora de Religión le imponía. Aunque, según él, los motivos no eran exactamente esos, sino que él ya había “madurado” lo suficientemente para no aceptar determinados comportamientos de algunos responsables de la Iglesia Católica.

En concreto se refería al del cura del pueblo donde él solía veranear, que utilizaba para sus desplazamientos por el pueblo un lujoso automóvil. Esto lo consideraba él como un “despilfarro” y un atentado a la modestia, cuando por su condición de “pastor” de la Iglesia, estaba obligado a demostrar más sencillez y humildad. Y añadía que Jesucristo entró en Jerusalén subido en un burrito. Cosas de la edad.

Pero dejando a un lado esta “historia”, bajo mi punto de vista, las relaciones Iglesia-Estado, pese a esos acercamientos, no se van a resolver. Siempre habrá un punto de no coincidencia entre ambos planteamientos. Sin restar importancia al tema, ahora surge en distintos puntos de nuestro país, la llamada “polémica de los crucifijos”, donde se pide la retirada de los mismos de las aulas, al considerarse que suponen una discriminación por motivos religiosos y vulnerar derechos, como el de la separación de Iglesia-Estado, obligación de neutralizar ideológica de la administración… Precisamente es la administración la que afirma que, la competencia sobre la permanencia o presencia de símbolos religiosos en los colegios, corresponde a los Consejos Escolares.
 

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