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OPINIÓN - VIERNES, 10 DE NOVIEMBRE DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

El Cuerpo de Bomberos
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Recuerdo yo a los bomberos de mi niñez como individuos que sin medios arriesgaban su vida en los fuegos. El camión cisterna apenas si contenía el agua suficiente para regar el redondel de una plaza de toros y las mangueras tenían más fugas que las prisiones que están a cargo de la Generalidad de Cataluña. Dentro del enorme drama que supone siempre un incendio, aquellos apagafuegos producían acciones que movían a la risa de quienes presenciaban el espectáculo dantesco de las llamas. Situación causada no sólo por la carencia de medios sino también por la falta de formación de quienes ejercían de bomberos. En una palabra, salvo excepción, bombero podía ser cualquiera sin tener la menor idea del oficio.

Afortunadamente, con el paso de los años la evolución del Cuerpo de Bomberos ha sido tan eficaz como extraordinaria. Hasta el punto de que los bomberos están rifados en todos los sentidos. Han de ser jóvenes, necesitan dar la talla si quieren acceder al concurso, y pasan por pruebas de aptitudes físicas y varios tests. Así, conseguir meter la cabeza en la institución no es tarea fácil. Salvo que alguien lo haga por enchufe. Hecho que suele darse, si bien no con frecuencia, ayudando en los exámenes al aspirante menos dotado pero protegido por padrino poderoso. Acción desagradable e injusta, pero de la que hay un sindicalista que nunca ha dejado de jactarse de ser experto en tales amaños.

Cuando los atentados de las Torres Gemelas de Manhattan (Nueva York), el 11 de septiembre de 2001, los bomberos neoyorquinos escribieron una página gloriosa. La tragedia les permitió comportarse con tal heroicidad que el Cuerpo de Bomberos se convirtió en algo sagrado. Lo cual redundó en beneficio de sus compañeros en todo el mundo.

Entonces surgieron Políticos -recuerden a George Bush chupando cámara junto al bombero jefe de la cosa- artistas, escritores, etc, alabando el arrojo, la valentía, y el amor al prójimo de aquellos abnegados funcionarios.

El Cuerpo de Bomberos de Ceuta está muy bien visto. Podría decirse, sin caer en la exageración, que está más que muy bien visto. Y, además, nos han dicho, durante un siniestro ocurrido en Galicia, no ha mucho, que cuentan con los más variados y modernos pertrechos para hacer frente a los desastres.

Por todo ello, y algunos detalles más que me habré dejado en el tintero, no entiendo por qué José Luis Morales, consejero de la Presidencia, ha tenido que decirle una guasa a un bombero. Un bombero que es, asimismo, político militante en las filas socialistas y por lo visto se ha convertido en una mosca cojonera para JLM. La guasa de éste a Gonzalo Sanz, bombero y responsable de Movimientos Sociales de su partido, ha propiciado que se arme la de Dios es Cristo. Las guasas del consejero de la Presidencia son harta conocidas. Se le calienta la boca y saca a relucir su verbo irreflexivo y tronante. Carente, por supuesto, de esa gracia que las guasas necesitan para convertirse en bromas o burlas, en plan quevediano. La ironía no es, sin duda, una cualidad de JLM.

No obstante, lo dicho por el consejero no ha sido merecedor, bajo ningún concepto, de las contundentes respuestas ofrecidas por parte de los afectados, entiéndase los socialistas. Y mucho menos de quienes, aprovechándose de la bicoca en forma de riña, se han apuntado al tumulto para poner en entredicho la memoria histórica del político del PP. Las condenas deben estar acordes con la gravedad de los hechos cometidos por alguien. Y en este caso, créanme, los ha habido que se han pasado en el linchamiento. De manera que si llevaban alguna razón, la han perdido. Y puede que al Cuerpo de Bomberos tampoco le beneficien estas grescas. Digo yo.
 

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