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OPINIÓN - JUEVES, 26 DE OCTUBRE DE 2006

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

¿Me retracto?
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Hoy me siento espiritualmente “muy” generosa ya que, gracias a mi artículo de antesdeayer sobre la mala utilización semántica y lingüística del término “homofobo” el autodenominado Movimiento LGTB , que responde al estrambótico apelativo de “…y a ti que?” ha vivido sus cinco minutos de gloria, con convocatoria de rueda de prensa incluida. Esos tipos me deben adorar y, antes que nada estarme muy agradecidos, porque dice nuestro bello refranero español que “Es de ser bien nacido, el ser agradecido” ¡Ala, ala, majetes, a disfrutar!.

¿Qué dicen? ¿Qué los del Movimiento multiconsonántico no se alborozan por la favorable coyuntura que les sirve para ejercer su proverbial victimismo? Pues eso es que son como los napolitanos: que crean la tragedia para vivirla .Pero yo me enternezco viéndoles maquinar y me pregunto sobre quien o quienes habrán redactado el comunicado de prensa contra esta escribidora, a raíz de un artículo donde no hago más que cultivar los que son mis legítimos derechos constitucionales a las libertades de opinión y de expresión. Esos mismos derechos que los multiconsonánticos han tratado de conculcar con amenazas directas y en plan coactivo, por lo que, lógicamente y al amparo de la Ley he redactado y presentado la correspondiente denuncia por una pluralidad de presuntos delitos cometidos contra mi persona. ¡Ya podrán! ¿A que no es lo mismo atacar directamente las leyes islámicas de países como Egipto que atacar a una virtuosa madre de familia? Con las leyes islámicas no se atreven, para criticarlas directamente no hay que tener muchos, sino “muchísimos” cojones, por mucho que hayan apuntado con burdas comparaciones hacia esa dirección en el último párrafo de la parida mental que es el comunicado de marras.

¿Qué de que presuntos delitos he sido víctima, pobre de mi? Pues en primer lugar de un presunto delito de amenazas graves, de un segundo presunto delito de calumnias con publicidad por acusarme de “incitar al odio y la violencia”, de un tercer presunto delito de injurias graves por llamarme “supuesta mujer” y “supuesta cristiana” amén de herir mis creencias injuriándome como “anticristiana”, de un cuarto presunto delito de injurias, falsedad y difamación al afirmar que,”la autora tiene antecedentes” cuando nunca, en el largo ejercicio de mi profesión de articulista he tenido el menor problema, quitando el pesado león de bronce del premio Filandón que me otorgaron en León en el año 1998 y que me supuso un problema decorativo. De un quinto presunto delito de coacciones al exigirme que me retracte, de un sexto presunto delito de calumnias por acusarme de hacer “apología de la homofobia” que significa apología de la fobia al hombre cuando soy madre de familia cristiana. De un septimo presunto delito de malos tratos y coacciones al “exigir” que me despidan de mi trabajo y me impidan publicar, de un octavo…

Esto me cansa. Si alguien tiene interés en leer la denuncia que ahora mismo corro a presentar que me la pida y yo se la escaneo y se la mando. ¿Qué dicen? ¿Qué falto a la caridad cristiana denunciando a esos multiconsonánticos? No. Y si falto me confesaré y haré la penitencia que me sea impuesta. Pero esos tipos han herido gravemente mi sensibilidad mis creencias y mi origen, del que me siento muy orgullosa. Me conocen y saben perfectamente que nací me crié y eduqué, como antes lo hiciera mi padre, en Marruecos, en un país musulmán donde, primero las monjas cristianas y luego los maestros del grupo escolar, me inculcaron sólidos principios morales que he guardado como un tesoro durante toda mi vida y que sigo guardando con agradecimiento y respeto.

En las tres grandes religiones monoteístas hay inmensos valores comunes y compartidos y yo tuve la fortuna de recibir un mix educativo entre lo católico y lo musulmán y las reglas de moralidad, educación y respeto que me inculcaron son para siempre. Y no voy a renunciar a ellas por las amenazas de un grupo de maricas de Ceuta. Como manifesté en mi polémico (para ellos que son tontos de baba) artículo, yo respeto a todo el mundo, pero exijo idéntico respeto para mi sensibilidad, mis costumbres, mis valores y mis creencias. Dicen estos lelos que me manifiesto “abiertamente contra la libertad de expresión sentimental y emocional” ¡Ja! No olviden que nos referimos al rifirrafe acaecido en Sevilla entre el dueño de un bar y dos maricas que se morreaban en la terraza y el morreo y el magreo no son precisamente “libertad emocional”. La libertad emocional es infinitamente más espiritual y habla de sentires que no de magreos y la libertad sentimental, cuando gira en torno a un espectáculo inmoral, sea entre actores del sexo que sea, constituye una conducta escandalosa y vejatoria para las sensibilidades de quienes lo presencian. En la intimidad que cada cual utilice sus atributos como apetezca, pero en la vía pública y en establecimientos públicos, ante testigos de diferentes edades, no hablo de contención, exigible a cualquier ser racional, por fogoso que sea, sino de observar unas mínimas normas de educación, urbanidad, cortesía y buenas maneras y todo eso lo mamé de mis maestros musulmanes en Nador y no voy a traicionar mis principios ni mis creencias porque no me sale de esa parte de la anatomía que, las patiperras dicen que “se lava y se estrena”.

No me retracto, ni públicamente, ni en privado, porque vivo en un Estado de libertades y si una conducta me repugna moralmente y hiere mi sensibilidad así lo manifiesto, porque me da la gana, sean los escandalosos parejas de cualquier tendencia. Porque lo que hay es mucho mamoneo con las minorías que se creen que tienen más derechos que nadie y ninguna obligación y van avasallando y amenazando porque se creen impunes. Y es indignante el victimismo , la prepotencia e ir por la vida esgrimiendo la lista de agravios. Los LGTB de Ceuta, que es como se deben llamar allí, me amenazan con dar cuenta a numerosos colectivos de ellos ¡Que susto! ¡Del disgusto no me voy a tomar esta noche el yogur! Pues mañana van a tener ellos presentada otra denuncia ante el padre Pepe Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, que es un auténtico hombre de Dios que no va a permitir que una minoría trate de tener acojonados a quienes osan a decir lo que sienten y como lo sienten. ¿Es que hemos vuelto a la censura y son ellos los censores oficiales para decir que puede escribir cada cual?. Pues no me retracto. Mis raíces culturales, mi origen rifeño, la educación y los principios que me han inculcado desde la cuna, el privilegio de ser un revoltillo hispanorrifeño, mestiza hasta el tuétano y aspirante a depositaria de lo más exquisito de los dos mundos me impide el acojonamiento, la dejación y la traición a mis valores y si lo tuviera que hacer por imposición o por miedo, sería encima víctima del racismo y de la xenofobia. Yo no me retracto y encima les denuncio y de paso les mando a la mierda. Eso es.
 

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