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OPINIÓN - MARTES, 5 DE septiembre DE 2006

 

OPINIÓN / AL SUR DEL SUR

Igualdad de género
 


Juan Carlos Trujillo Muñoz
juancarlostrujillo@elpueblodeceuta.com

 

Reflexionar respecto a la mujer puede ser complicado para un hombre, las diferencias intelectuales existentes entre ambos sexos son reales y reveladoras aunque, siempre podemos recurrir a nuestra propia experiencia como hijos o como conyugues para deducir que el género femenino se caracteriza por su complejidad.

Comprender esta disparidad debe iniciarse en primer lugar, considerando como ellas son capaces de engendrar, criar y educar, con todos sus sentidos, compatibilizándolo con sus labores formativas y profesionales, incluyendo en este último término, la pugna constante contra el hecho histórico de la supremacía del género masculino. Muchos son los casos en nuestra sociedad de esta desigualdad, mujeres sobradamente capacitadas y preparadas relegadas por hombres mediocres. Aunque, no siempre es así y también podemos encontrar mujeres a quienes se les reconoce sus capacidades ocupando puestos de gran responsabilidad, como ocurre en política; Yolanda Bel, Carolina Pérez, Mabel Deu o Antonia Palomo y también, en el sector privado.

Mi posición, compartida con otros muchos hombres, es imaginar una sociedad perfecta donde se valore realmente la capacitación de las personas sin discriminaciones motivadas por el sexo del trabajador. Un mundo que avance dirigido por quienes posean las mejores cualidades y aptitudes y, donde rija el principio de igualdad de mérito.

No obstante, existen otras dificultades que obstaculizan la trayectoria profesional de las mujeres, situaciones denigrantes protagonizadas por individuos de escasa moralidad que vulneran los derechos fundamentales de las mujeres, agrediéndolas sexualmente, física y mentalmente, valiéndose impúdicamente del grado jerárquico, de la jefatura de personal para humillar a quien es superior intelectualmente. Individuos infames, deshonestos e indecentes que se desenvuelven cobardemente en los mismos centros de trabajo.

En definitiva, si queremos una sociedad que avance acertadamente, que evolucione marcada por los principios de igualdad y no discriminación, valoremos con honestidad y por supuesto, separemos y sancionemos a quienes actúan impunemente en contra de los derechos de las mujeres.
 

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