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OPINIÓN - SÁBADO, 9 DE SEPTIEMBRE DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

Antonia María Palomo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Cuando el Gobierno decidió darle la boleta a Jerónimo Nieto, delegado del Gobierno, y sonaba Herminio Trigo como sustituto, escribí que al abulense se lo había merendado Antonia María Palomo. Y hasta me atreví a decir que ésta gozaba en Ferraz de más influencias de lo que aquí pensaban. En suma: que Antonia María era una mujer de peso en Madrid.

La verdad es que Jerónimo Nieto vino a Ceuta sin desearlo. Y ello se notaba mucho en su forma de comportarse. Estaba a disgusto y no transmitía la menor sensación de haberse adaptado a la ciudad. Distante y desconfiado, tal vez por dejar bien patente que él no se parecía en nada a Luis Vicente Moro, vivió entre cuatro aduladores que le contaron lo peligroso que era darle bola a ciertas personas de la ciudad. Y, desde luego, lo aleccionaron acerca de cómo estaba vista en la ciudad su compañera de partido. O sea, la señora Palomo. Y, desde luego, lo hacían con las peores intenciones.

Ni que decir tiene que los consejeros de Nieto, en vez de ayudarle a que mirara con buenos ojos la ciudad y pudiera quitarse de encima el disgusto de vivirla contra su voluntad, le contaban lo peor y eso se reflejaba en el carácter de un hombre a quien se le vía deambular por los sitios con una mueca permanente de hastío. Lo mejor para él fue que lo relevaran y se fuera a su tierra. Por lo tanto, me imagino que todavía debe estar agradecido a Antonia María por haberle ayudado a cumplir su deseo.

Luego, cuando en vez de Herminio Trigo (de quien dijeron que se quedó sin el cargo por haber hablado a destiempo) el Gobierno nombró a Jenaro García Arreciado, traté nuevamente de comprobar el estado de ánimo de la secretaria general, al destacar el detalle que el nuevo delegado había tenido con Juan Vivas, el día de la toma de posesión. E incluso me permití decirle a la señora Palomo que aquello parecía un gesto destinado a ella para que supiera que no estaba en condiciones de arrogarse más facultades que las precisas.

Pues bien, confieso que me equivoqué. Porque la señora Palomo, amén de haber celebrado la despedida de Jerónimo Nieto con indisimulada alegría, consiguió colocar personas afines a sus ideas junto al político onubense. Así que la jugada le salió redonda.

No obstante, alguien muy cercano a la secretaria general de los socialistas de Ceuta, me dijo que ésta había encajado mal mis opiniones. Y que estaba convencida de que yo quería buscarle las cosquillas. A lo que respondí que nunca fue esa mi intención. Aunque es bien cierto que tampoco le presté la debida cuenta a lo oído. Pues mis relaciones con Antonia María habían sido excelentes y siempre procuré ayudarla.

Eso sí: jamás le he vendido que esté en una magnífica posición para ganar las elecciones autonómicas. Y nunca le he ocultado que Juan Vivas volverá a ser presidente de la Ciudad por una mayoría apabullante. Y es que no se debe engañar a nadie y mucho menos a las personas que se aprecian. Sin embargo, es cierto que Antonia María anda mosqueada conmigo. Y lo pude comprobar no ha mucho tiempo cuando al verla en el hotel La Muralla me acerqué a ella para saludarla, algo que ha sido habitual entre nosotros. Y la buena señora aceptó mi saludo como si en aquel momento estuviera necesitada de ese producto que anuncia José Coronado.

Y me sorprendió muchísimo, la verdad sea dicha, que Antonia María, tan dada a celebrarme cuando nos veíamos, se comportara entonces con una frialdad de pescado recién llegado a la lonja. Menos mal que a mí esos cortes me llegan hasta donde yo quiero. Pero que sepa Antonia María Palomo que tiene un cero en conducta. A mejorar, señora.
 

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