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OPINIÓN - VIERNES, 15 DE SEPTIEMBRE DE 2006

 

OPINIÓN / EL OASIS

Carolina Pérez
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

La locución adverbial, también llamada frase hecha, exige, además de ser escrita literalmente, que se la use en situaciones donde encaje y así se pueda decir que vino como anillo al dedo para demostrarle a alguien, de forma figurada, lo que pensamos de su intervención o conducta. ¡A buenas horas mangas verdes! es la que se ha ganado, según nuestro modesto entender, la consejera de Medio Ambiente, Carolina Pérez, por la conferencia de prensa que dio el martes pasado, a fin de hablar del problema que se ha suscitado acerca de la empresa Urbaser. Carolina llegó tan tarde a la cita, como lo solían hacer los alguaciles o guardias municipales del Siglo XVII. Si había una bronca se quitaban de enmedio para no intervenir, y sólo se presentaban cuando habían terminado los garrotazos.

La irrupción en escena de la consejera de Medio Ambiente, a estas alturas, resulta tan extraña como invita a pensar que tiene asumido que se le acaba ya el chollo del cual ha venido disfrutando durante muchos años. Carolina Pérez ha tenido casi toda una vida para meter en cintura a Urbaser. Ha tenido todo el tiempo del mundo para mirar con lupa la limpieza de las calles. Y, sin duda, ha podido ganarle el “pulso” a la empresa. Porque le han sobrado conocimientos para fiscalizar la tarea y consejos técnicos con los que decirles a los mandamases de Urbaser que no estaba dispuesta a permitirles cualquier incumplimiento del contrato. Si existía, claro está. Que habría que verlo.

Sin embargo, Carolina Pérez nunca pasó de las consiguientes multas que a la empresa le valían para demostrarles a los sindicatos que el esfuerzo en el tajo de algunos obreros no se correspondían con las reivindicaciones de éstos. Una postura nada extraña en una persona que lleva muchos años sentada en un despacho y a quien la rutina y la molicie han conseguido quitarle la voluntad y el espíritu de sacrificio que tuviera en sus primeros tiempos.

Carolina Pérez está quemada. Y, sobre todo, le puede el malestar de saber que, tal vez, su nombre no volverá a figurar en las listas para las próximas elecciones. Y ese malestar, convertido en posible despecho, le ha dado fuerzas para salir a la palestra con aires de mujer de rompe y rasga, de los que jamás hizo gala. Al menos, en la medida que ahora ha querido que Urbaser pague los vidrios rotos de su desilusión profesional.

No olvidemos que la consejera de Medio Ambiente no se distingue por su soltura al hablar en público ni mucho menos por ser resuelta. Por ello, nadie esperaba que en estos momentos se nos presentara como la única persona capaz de enmendarle la plana al presidente de la Ciudad. El cual, antes que la consejera, había salido al paso de las denuncias publicadas en El Faro, con la insistencia debida, y dejó muy claro que los vecinos estaban en su derecho de reclamar la limpieza de sus barrios y que al Gobierno le correspondía el ejercer una vigilancia estricta de los trabajos que ha de realizar Urbaser.

A partir de ahí, y con las explicaciones dadas por Juan Vivas, uno no entiende las razones que ha tenido Carolina Pérez para hacerse notar de forma tan inoportuna. Parecía con sus declaraciones, y sus modos de hacerla, más una política de la oposición y no una señora que lleva la tira de tiempo viviendo en un partido que la ha distinguido siempre como si fuera la reina de Saba. En fin, que ojalá todo lo que se ha líado sirva para que Urbaser espabile y sepa con quiénes se gasta los cuartos. Por otra parte, y en vista de que la empresa ya sabe dónde le aprieta el zapato, esperamos que no vuelva a incurrir en los mismos errores. Sería como tirar piedras a su propio tejado.

Como pueden ver, las frases hechas me han salvado la columna de hoy.
 

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