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sucesos - MIÉRCOLES, 26 DE MAYO DE 2010


VECHICULOS EN SAN DANIEL. FIDEL RASO.

EL PRINCIPE / 12 HORAS DESPUÉS DEL TIROTEO
 

En el Príncipe, la Nacional de paisano y uniformada, la Local sólo a la salida del colegio

La reunión técnica de seguridad para el barrio de Príncipe Alfonso del pasado lunes determinó las funciones que cada Cuerpo tendría que realizar en base a sus competencias
 

CEUTA
Antonio Gómez

ceuta
@elpueblodeceuta.com

La vida en el Príncipe Alfonso transcurría ayer, 12 horas después del último tiroteo, con la normalidad cotidiana en un barrio donde la vida fluye entre cafetines, portales y el ir y venir de jóvenes y hombres ociosos viendo el tiempo pasar. Las calles interiores del Zoco, los alrededores del famoso ‘Mojito’ configuran la principal arteria y punto de encuentro para el contacto personal, para el saludo y para las miradas desconfiadas, a veces amenazantes que sólo quedan en simple pose para mostrar jerarquía de Macho Alfa ante el visitante. Son los que imponen el respeto a falta de la uniformidad de las Fuerzas de Seguridad, de paseo por esas calles.

Reunión técnica de seguridad el lunes por la mañana, reasignación de protocolos de actuación, según competencias. La Policía Local en el barrio del Príncipe hará cumplir las ordenanzas municipales en lo referente a venta ambulante, tráfico y obras sin permisos..., La Policía Nacional hará la parte de Seguridad Ciudadana y de orden público que le confiere la Ley junto a su labor investigadora, y la Guardia Civil, además de investigación, cumplirá con su labor de control de tráfico en los accesos por carretera al barrio.

El martes, desde las 11’30 horas de la mañana, hasta las 15’00 horas, la Policía Local no callejeó por el Príncipe, no veló porque la venta ambulante se produjera, no controló los atascos en la calle San Daniel como consecuencia de que la vía es de dos sentidos con sólo espacio para un vehículo en la calzada. Y no evitó el atasco del autobús obturado en esa calle que cruza de norte a sur al barrio. Tampoco dio conocimiento que la parada del Bus al término de esa calle está bloqueada por la presencia de seis contenedores de basura. Como tampoco, en esas cuatro horas en las que estuvo esta redacción en El Príncipe, nadie advirtió el permanente ir y venir de carretillas de cemento, arena y ladrillo en obras que no tienen pinta de estar regladas. La Local mantiene agentes en el edificio Polifuncional y sólo se observó al furgón de la UIR ladear el barrio por el Puente del Quemadero después de permanecer unos minutos en la subida lateral que rodea por uno de los flancos al nuevo hospital. Un ‘zeta’ de la Local estuvo presente a la hora de la salida del colegio del Reina Sofía para controlar el tráfico.

Por su parte, El Cuerpo Nacional de Policía mantuvo el servicio de dos unidades móviles de la UPR entre Príncipe Alfonso, Felipe y Juan Carlos I. A las 13’30 horas se desplegaron por los alrededores del Reina Sofía para estar presentes en el delicado momento de la salida del colegio y la llegada del autobús de la linea 8 por el Puente del Quemadero. El dispositivo acabó pasadas las 15’00 horas. Durante el tiempo que un equipo de esta redacción permaneció en el barrio se comprobó la presencia de agentes de paisano tanto del CNP como de la Guardia Civil.

Hasta aquí lo comprobado en el primer día posterior a la reunión tecnica de seguridad.

Tiroteo, 12 horas después

Las gentes del barrio están acostumbradas y sucesos como los acontecidos 12 horas antes [un tiroteo y un herido con 8 impactos de bala en las piernas] están muy superados. De hecho, aunque habían comentarios, lo lógico es que a un extraño nadie indique dato alguno. “No vi nada, me lo han contado” es la respuesta más común.

En el Zoco la vida fluye como de costumbre, jóvenes y hombres ven la vida pasar entre los cafetines y los portales, o bien apoyados contra la pared. Cigarro tras otro [los de la risa incluido], hablan bajito entre ellos y te cruzas con miradas que denotan respeto y nobleza, pero también con las que marcan el terreno, incluso amenazantes. Son los Machos Alfa de lo que queda en el barrio. Las mujeres marroquíes despliegan su vergel de verduras en las aceras en la misma calle donde confluye la arteria principal que llega al punto ‘cero’ de encuentro, el Zoco. Los coches pasan a duras penas por San Daniel, cualquier acera es buena para aparcar...encima de ella.

A horas de ‘cole’ se ven demasiados niños por la calle, no parece adecuado. Es una rápida radiografía del Príncipe Alfonso un barrio acostrumbrado a que el uniforme policial no se mezcle con los vecinos por las calles rutinariamente, cotidianamente. Para unos en el barrio, se trata de un logro que favorece su mejor control del lugar, para otros [los muchos, la mayoría] esconden su voz en alto por el temor de pedir lo que sí solicitan en voz baja: “La policía debería pasear normalmente por aquí, como por cualquier otro lugar de la ciudad”.

Entienden que deben mostrar cierta sumisión porque les falta la protección que tendría que imponer la autoridad. La mayoría quiere a la Policía en el barrio.

Lógica aplastante

Los vecinos aplican una lógica aplastante: “Aquí sube cada día el repartidor de correos, los repartidores del butano, los trabajadores de algunas obras del Ayuntamiento, los barrenderos... los servicios básicos funcionan diariamente, pero echamos de menos que el Ayuntamiento nos ponga el servicio de la Policía Local por el barrio y nos preguntamos cuál es la causa ¿pueden más los incívicos?”, se pregunta un veterano residente de la barriada, a la que ha visto crecer sin control en los últimos veinte años “sin que nadie le haya echado cuenta”, se queja.
 


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