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sociedad - LUNES, 9 DE MAYO DE 2011


Los niños hacían cola para coger zapatos.

reportaje / CLUB DE MOTOS
 

Zapatos por corazones

Seis motoristas de Ceuta viajaron hasta el Alto
Atlas para entregar calzado, unos setecientos pares, entre las familias bereberes de la zona
 

CEUTA
Patricia Gardeu

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Ya habían cogido cada uno un par de zapatos. Así que se cambiaban de ropa y se volvían a poner a la cola. “Si lo hacemos nosotros cuando nos dan gratis cualquier cosa, con más razón ellos”, explicaban Chema y Sergio, dos de los seis motoristas integrantes del ‘Motoclub Maruca Off Road’ de Ceuta, que el pasado día 29 de abril se recorrieron 570 kilómetros (unas once horas de trayecto), desde Ceuta hasta Imiechil, en el Alto Atlas, con un único propósito: repartir zapatos entre los aldeanos bereberes.

La idea surgió entre cervezas. Una noche de juerga, la pasada Navidad, Chema, Sergio, José María, Chico, Javier y Mohamed, para darle impulso a un club de motos que llevaba creado oficialmente unos siete meses, pero que apenas tenía movimiento, decidieron organizar alguna actividad “que fuese una aventura, pero también un acto solidario”. Optaron por reunir zapatos. Los negocios ‘Stradivarius Ceuya’ y ‘Fabiola’, además de dos establecimientos, uno de Sevilla y otro de Santoña (Cantabria), les regalaron zapatos nuevos; ciudadanos entregaron calzado viejo, y 52 empresas locales aportaron dinero. Así reunieron alrededor de setecientos zapatos.

Dejaron aparcadas las motos en Ceuta y subidos en dos todoterrenos cruzaron la frontera camino al sur. “No teníamos ni idea de dónde regalarlos, sabíamos el lugar, pero no a quiénes”, explican los motoristas. Pero al llegar al poblado, apareció Ismael. Era un chaval de la zona que les ofreció guiarlos, hacerles de intérprete (allí hablaban tamazig) y ayudarles con el reparto.

“Como en las colas nos hacían trampa, Ismael nos localizaba al líder de la comunidad, éste organizaba a las familias, y nosotros les entregábamos zapatos a todos”, explican Chema y Sergio. “Los nativos compartían con nosotros todo lo que tenían, nos pusieron dulces, té, mantequilla... Acabamos haciendo una fiesta. Fue una experiencia increíble”.

El domingo fue la vuelta a casa. Volvieron con las maletas más liberados -”A la ida íbamos en el coche que no entrábamos con tantos zapatos”-, pero también más llenas de emociones. “Fue un viaje muy satisfactorio, te das cuenta de que la felicidad no está en quien tiene más”, explica Sergio. “Fue un viaje inmejorable”, añade Chema. Calzaron a muchos aldeanos. Las chicas del pueblo, a cambio, le dejaron los cristales de las ventanas de los coches llenos de dibujitos de corazones.
 

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